Identificando nuestro ser interior
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Identificando nuestro ser interior
Cuando hemos descartado ya que lo humano pueda informarnos sobre la verdad de lo que somos es cuando nos planteamos mantenernos en la auto observación de la realidad interior.
No es algo que vaya a ocurrir automáticamente, sino que va a requerir de nuestra constancia y nuestra permanencia en la auto observación interior.
Dejar de proyectar en nuestra comprensión todo lo aprendido, y en su lugar, sostener la percepción desnuda de nuestro interior, van a ser nuestras únicas herramientas, ya que, el resto de lo que pudiéramos hacer forma parte de lo que no nos sirve en absoluto.
Entonces se desecha toda la comprensión mental de un golpe, para llevar nuestra atención a reconocer la realidad de estar unidos a un interior que nos sostiene de forma permanente y continúa. Que ha estado ocurriendo de ese modo, mientras divagábamos entre pensamiento y pensamiento.
Si mantenemos nuestra mente neutra y despejada, mientras permanecemos en esa sensación interior y muy real, muy pronto nos llenaremos de realidad, de verdad.
Todos los pensamientos de ignorancia, duda e inseguridad, nuestra actitud depresiva, desaparecerán inmediatamente, mientras nos dejamos llenar desde dentro.
Si nos sostenemos un tiempo en ese dejarnos ser, podemos observar cómo se produce la forma de vivir en lo humanos, como nos afecta y qué transformaciones ocurren en nuestra mente, para sacarnos de esa experiencia interior.
¿Cómo dejamos este estado de verdad interior para volver a ser afectados por el estado humano que transitamos?
Algo cambia en nuestra mente y es muy interesante observar cómo se produce ese cambio de polaridad.
Seguidamente y desde el interior, podeos percibir cómo es el fenómeno por el cual estamos unidos e identificados con nuestro cuerpo humano y a su vez, con toda la cultura asimilada en nuestra mente.
Si reconocemos que somos una realidad interior podeos también observar cómo se sostiene la identidad humana que hemos asumido.
Cuando hayamos comprendido y entendido la lógica de reconocer el aprendizaje humano como nuestra identidad, entonces podemos aceptarlo como algo temporal, sobre el que podemos decidir nuestro grado de implicación.
Toda esa idea de realidad humana se basa en las percepciones que nuestro cuerpo nos facilita, como realidad externa y material.
Observar cómo nos aferramos a reconocernos en una realidad efímera, que termina, debería resultarnos, incluso, extraño.
Muchos seres humanos han logrado escapar de esa comprensión de la realidad para haberse reconocido desde, y en, su realidad interior y de ese modo, hayan incluso, intentado compartir su liberación y su recuperación de la verdad.
¿Cómo puede lograrse compartir algo que se obtuvo fuera de lo exterior precisamente mediante el exterior con los demás?
Parece que no es posible vivir de las dos forma a la vez, o requiere de una firmeza profunda, de no despegarse en nada del interior.
Si nuestra decisión es indagar y permanecer en esa realidad interior que ya asoma pero “no se toca” es cuando, quizás, necesitemos de eso que se llama fe, que hemos de confiar en algo que aún no reconocemos como una manifiesta realidad, aunque ya nos guía como su estuviésemos sujetos de una cuerda.
Es como si de repente se apagaran todas las luces y nos quedáramos a oscuras sin poder ver nada.
En este símil, la luz que se apaga es el conocimiento seguro de nuestros sentidos que al dejarlos a un lado, no sabemos, ni vemos nada.
El meditador del camino interior es lo que hace, despeja la mente de toda esa capa que le informa de la realidad exterior.
Ya a oscuras, en ese cuarto interior, podemos empezar a percibir una sensación de presencia y realidad, sensación que se convierte en percepción, en visión interior.
Son formas de expresar que lo que que empieza a desvelar, en su dimensión interior, se comienza a percibir como una realidad “real”.
Continúa,....