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  • De la dicotomía humana al Ser
    Feb 3 2026

    De la dicotomía humana al Ser


    Una de las dificultades que vamos a tener en el camino interior es conseguir una única idea de uno mismo que logre englobar la realidad como una sola, nuestra presencia en lo humano y nuestra realidad interior, de manera, que no sea un estar en una identidad cambiante.


    Cuando estamos en lo cotidiano estamos absorbidos completamente en nuestra realidad humana, que se basa en la percepción del mundo exterior mediante nuestros sentidos físicos.


    Aunque discontinua por las fases de sueño, se muestra como una realidad permanente mientras nuestro cuerpo vive, aportando una identificación relativamente estable y suficiente.


    Es debido a nuestra percepción interior de realidad y lo que anhelamos interiormente, por lo que se produce un desencuentro con lo que la vida humana nos puede ofrecer.


    Terminamos por profundizar en meditación con la intención de reconocer más nítidamente lo que existe en nuestro interior, de manera que logramos identificarnos en otro hábitat más íntimo y permanente.


    La cuestión es lograr reconocer la realidad superior de uno mismo de forma que pueda asimilar y encajar a la otra.


    Esa cuestión se puede resolver de las dos únicas maneras posibles. O decidimos que somos un ser humano con la capacidad de aspirar a la perfección en la realidad material, negando que pueda existir otra realidad, o por el contrario, reconocemos nuestra realidad interior permanente como nuestra única identidad, mientras que nuestra presencia humana la consideramos como un tránsito que transcurre.


    Decidir esto en nuestro pensamiento pudiera ser sencillo y haberlo decidido ya.


    Sin embargo, ¿verdaderamente hemos asimilado que nuestra decisión contiene de forma perfecta y real a la otra?


    En la práctica, tendremos una idea aproximada que intenta comprender la totalidad, aunque realmente no ha sido una decisión trascendente.


    Si se asume que nuestra realidad es la identidad interior que detectamos en nuestras meditaciones, esta identidad ha de permanecer como el centro de todo y se ha de notar en todos los aspectos de nuestra vida humana.


    En el análisis interior, reconocemos que hay muchos aspectos de la vida humana que no nos encajan, por ejemplo, la realidad de la muerte, que, aunque la ignoremos, sabemos que está delante nuestra.


    Tendríamos que tenerla presente de forma permanente, pues es el hecho que mejor nos puede condicionar para ir hacia dentro en busca de nuestra realidad interior que no concibe la muerte como algo que le pueda pasar.


    Nuestra realidad interior “siempre” está activa, es realmente la que vive y existe y se confronta de forma continuada con una realidad humana que hemos tenido que aceptar inevitablemente, ya que es la “moneda de cambio” mediante e ser interior se manifiesta.


    Como nos vemos representados en nuestro cuerpo humano se genera una profunda dicotomía entre la idea de ser una realidad exterior y material y lo que nuestro interior nos demanda ser.


    No hay nada como repasar nuestra génesis como ser humanos desde que recordamos, como para descubrir lo que realmente somos.


    Una consciencia de que existe que se ve impelida a reconocerse en un cuerpo primero, para después aprender sobre una realidad externa, generando una identidad cooperada con el resto de humanos que existían previamente a nuestra llegada.


    Nos vemos obligados a adaptarnos a ser un cuerpo y a todas la condiciones den entorno y de su cultura.


    El hecho de tenernos que adaptar es una señal de que tenemos que hacer un esfuerzo para ser lo que no somos.


    Nos vemos obligados a construir conceptos sobre lo que percibimos para poder manejarnos en esa realidad exterior, que almacenamos en nuestra memoria.


    Del mismo modo, construimos un cúmulo de pensamientos y hábitos que van a conformar una idea de lo que somos, aceptando todas las limitaciones de lo que representa verse contenidos en un cuerpo y sus necesidades.


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    16 mins
  • Propuesta de Meditación en Silencio en la red
    Jan 29 2026

    Propuesta de Meditación en Silencio en la red


    En esta reflexión aportamos un enfoque para aplicar en nuestras meditaciones, especialmente las realizadas en remoto gracias a las redes.


    Cuando se realizan periódicamente lo asumimos como una práctica habitual de manera que entramos directamente en meditación junto con los demás.


    Las prácticas de meditación en línea que realizamos en el grupo de Meditación Natural son en silencio y es bueno aportar un enfoque de la misma para las personas que se incorporan por primera vez, de manera que no sea necesario dedicar un tiempo a explicarlo.


    Este es el objeto de esta reflexión.


    Este enfoque se puede adoptar si lo ves de interés o puedes aplicar el tuyo propio. Únicamente se pretende introducir a las personas que se inician lo más directamente posible para que obtengan desde el principio una experiencia que les anime a profundizar en la meditación.


    Generalmente todas las prácticas de meditación consisten en desvincularnos del proceso de “pensar que el pensamiento es capaz de contener lo real”. Es decir, aquietar el habito de pensarlo todo, para que nuestra atención recabe principalmente en la percepción de lo real, de lo que existe simplemente porque está.


    Si se comprende que nuestro pensamiento habitual no será capaz de detectar, ni contener al ser real que somos, podremos dirigirnos directamente a nuestra realidad interior que siempre esta.


    En la práctica, equivale a desplazar nuestra atención desde el acto de pensar hacia nuestra capacidad de percibir.


    En términos más coloquiales, desplazar nuestra atención desde la cabeza al corazón.


    Centrados en nuestro centro, el “corazón”, entraremos directamente en la percepción de lo que existe previamente, es decir, antes de pensar.


    Eso que percibimos que existe es nuestro ser real, que siempre ha estado, mientras transitamos la realidad efímera del ser humano.


    Se puede afirmar, que cuando nuestra hambre de encontrarnos es mayor que cualquier otra cosa y lo hacemos con valentía, sin necesidad de pensarnos, entonces, entramos directamente en meditación real.


    Se trata de un dejarse ser desde dentro.


    Ese ser interior que somos siempre, es el que sujeta nuestra vida, que está en el fondo de todo lo que hacemos, el que nos impulsa a encontrarnos a nosotros mismos donde sea.


    La práctica que queremos compartir, no es en absoluto pasiva, se activa cuando nos dejamos ser en nuestro interior, entonces ocurre “el milagro”.


    Lo que nos impulsa a vivir y buscar en la vida lo más perfecto posible es nuestra realidad interior, quizás olvidada, o simplemente no tenida en cuenta.


    De ese modo nos lanzamos hacia el exterior para encontrar una referencia de nosotros mismos y generalmente se trata de intentos de alcanzar inútilmente estados perfectos, de mayor felicidad e inclusión.


    La meditación propuesta es una oportunidad de separarnos de esa identidad que creemos ser, que no es otra cosa que el resultado mental en forma de pensamiento, que se genera de nuestra interacción con lo humano.


    Esa idea de ser es el límite que nos ponemos en la comprensión de nuestra realidad interior. Por ello, darlo de lado es fundamental para que se produzca el encuentro con uno mismo.


    Lo que existe en nuestro interior, existe antes que nada, antes que pensar qué somos, antes de imaginar, ni proyectar cualquier idea en nuestro pensamiento.


    Prueba en este momento a no hacer nada y comprueba que existes, y que sigues existiendo aunque sigas sin hacer nada.


    Veremos que hay una realidad interior observando y a menudo creyendo que haciendo algo nos mostraremos que existimos. Pero no es necesario para reconocernos en el interior.


    Si permanecemos sin hacer nada, ni pensarnos de ningún modo, muy pronto la sensación ser estar, ser y existir se amplía y en poco reconocemos en ese reconocimiento lo que somos.


    Entonces, muy pronto nos daremos cuenta de que existimos como seres humanos como un producto efímero sostenido por nuestra realidad interior.



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    15 mins
  • Olas de un mismo mar
    Jan 27 2026

    Olas de un mismo mar


    Cuando queremos mantenernos en nuestra consciencia de ser una realidad interior hemos de contrarrestar todos los años en los que hemos adquirido una identidad basada en lo corporal y humano.


    Aceptar esa transición de identidad hacia la realidad interior y hacerlo de forma efectiva y permanente en adelante, requiere una gran dedicación y observación de todos los mecanismos adquiridos, hábitos y sobre todo la concepción de lo que consideramos real, incluida nuestra tendencia a considerarnos una “idea de yo”.


    Únicamente hay una manera, insistir en la interiorización y mantenernos en ella el suficiente tiempo para identificarlo como nuestra realidad permanente y que esto, no se siga realizando en base a nuestra sensación de separación y diferencia con el otro.


    Una posibilidad es anticiparnos al día que iniciamos cuando despertamos. Considerarlo como una oportunidad única e irrepetible para vivir desde nuestra consciencia interior.


    Cada día podemos intentarlo una vez más. Quizás comenzar el día meditando antes de realizar ninguna labor, ni siquiera el acordamos de lo que tenemos que hacer.


    Nuestra primera tarea del día sea despertar y conectarnos con nuestra realidad interior hasta levantarnos desde dentro.


    Podemos volver a utilizar el símil del agua y el mar.


    Todo es agua. Cuando no hay oleaje la superficie del mar es como un espejo.


    Se podría decir entonces que el mar es uno.


    Cuando hay oleaje, las olas sobresalen sobre la línea del horizonte y toman una entidad. A veces fluyen en armonía y van en la misma dirección y otras veces parecen chocar unas contra otras.


    Podemos imaginar que cuando volvemos del sueño estamos unidos a un mar en calma, mientras que cuando iniciamos el día nos convertimos en una ola que empieza a interaccionar con el mar, o con otras olas.


    Cuando la ola se levanta toma una forma y adquiere consciencia de ser una ola con identidad y movilidad con respecto al resto.


    Cuando dejamos la calma de la mañana y nos incorporamos a la vida es cuando toma forma nuestra identidad adquirida y entra en competencia con los demás, es lo que refuerza nuestra idea de yo.


    Antes de iniciar nuestra relación directa con el mundo, estábamos como fundidos en la unidad del mar.


    Al iniciar el día formamos una ola para iniciar nuestras acciones y perdemos la conexión con el mar, perdemos la sensación de unidad y el estado relajado.


    Al formar una ola lo que percibimos son otras olas con las que nos sentimos separados, ya que no hay agua entre ellas, sino aire y la visión de ser otra entidad con movimiento propio.


    Difícilmente podremos percibir la conexión que logramos cuando estamos en paz unidas ambas olas a un mismo mar. Entonces nos vemos como entidades separadas en las que ambas se perciben como la forma particular de una ola.


    Nuestro día será un ir y venir de nuestra ola hasta el final del día cuando nos apaciguamos y volvemos a descender y unirnos nuevamente en el mar.


    En ese unirse al mar, sería similar a extender nuestros brazos que se entremezclan con los brazos extendidos de otras olas.


    Ese estado se alcanza en las meditaciones compartidas en grupo, una vez hemos conectado con nuestro interior. La experiencia de unidad.


    Cuando dejamos de ser una ola y nos permitimos percibir nuestra realidad interior, podemos dejarnos sentir igualmente percibiendo la compañía de otras personas en la meditación.


    Es muy posible que observemos los efectos indirectos sin asimilarlos realmente, pero ocurre.


    Al comenzar a meditar en grupo somos como las olas que se miran unas a otras desde su forma aparente. Sin embargo, al cerrar los ojos, al soltar la atención sobre el pensamiento y nuestra forma de ola, comenzamos a relajarnos y esa ola es como si descendiera y empezase a percibir el agua de la que está compuesta y precisamente ese agua es el que nos permite percibir el agua de la otra ola, hasta unificarse en la experiencia.

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    19 mins
  • Sanación
    Jan 22 2026

    Sanación


    En muy normal encontrar personas que buscamos la realidad interior, una vida más real, el conocimiento de quién somos y para qué estamos y demás cuestiones similares.


    En ese intento, utilizamos nuestra comprensión, nuestro pensamiento, razonamiento y en general nuestra mente, que es el lugar donde se representan estas cuestiones.


    Pero ya son muchas menos las personas que se han dado cuenta de que ninguna representación equivale a una experiencia real y directa, y de lo que esto representa.


    No nos salimos del entendimiento y la mente y desde luego, no somos conscientes de lo que implica tener esa vivencia en uno mismo.


    Incluso, después de tener la experiencia de reconocer nuestra realidad interna, nos será difícil sostener esa identificación interior a la hora de vivir como un ser humano, tan abstraído en la realidad física, espacio temporal.


    Son realidades tan distintas y sus características son tan antagónicas, que estar en una casi excluye a la otra. Salvo que nos hayamos despojado por completo de la realidad efímera.


    Muchas personas nos acercamos a la meditación porque logramos entrar en calma, en la serenidad de separarnos de la realidad humana para dejarnos sentir.


    Desde ese lugar y en ese estado, nos es sencillo comprender todas las características de nuestra vida, de nuestra idea de yo, de lo que nos ha influido y logramos comprendernos completamente.


    En ese estado, podemos “equilibrar” todas nuestras heridas para volver a la vida humana más ligeros.


    Así, podemos utilizar la meditación como un reparador para poder seguir en la vida aceptando que debemos seguir adelante.


    Podemos pensar que podremos evitar y sanar todos los traumas y problemas que hayamos tenido para poder vivir en armonía y paz con el mundo, como si esto fuera posible.


    Es frecuente que nos digan que para sanar estas heridas hemos de entregarnos a procesos donde lo revivamos para después abrazarlo y dejar que se desvanezca. Sin duda es algo que puede funcionar, de manera que podemos descargar de la influencia que ha tenido en nuestra formación de nuestra idea de yo, para en adelante caminar más ligeros y libres.


    De esa manera, podemos continuar sanado otros males, para finalmente lograr ser libres de su influencia y poder desplegar nuestra verdadera identidad.


    Si miramos hacia atrás, veremos que son tantas cosas que nos han afectado, que han quedado olvidadas en nuestro subconsciente que recorrer ese camino inmerso sería tan largo que podría sernos inalcanzables.


    Podríamos encontrarnos con un sanador que lograse liberarnos de todas nuestras marcas para hacernos regresar en un estado óptimo para la vida.


    ¿Pero qué pasa con el resto del mundo?


    Seguiremos observando que la vida biológica se basa en vivir a costa de otros seres, de que tenemos que luchar por la vida.


    Necesitamos consumir otros seres vivos para sustentar nuestro propio cuerpo. Nuestra vida depende de ello.


    La sanción humana parece realmente imposible, siendo su vocación interior el bien mayor.


    La tendencia innata del ser humano es acercarse a lo perfecto y al bien superior. No hay nada más perturbador que para lograrlo debamos competir, o hacer daño a otros.


    Si todo esto es así, si existe la enfermedad y la muerte, ¿no será porque esto es un logro imposible?


    ¿No será que la vida biológica no tiene un sentido en sí misma?


    Sabemos que es imposible una vida perfecta, tal como la anhelamos.


    No hay un estado perfecto del ser humano que alcanzar. Finalmente desaparecemos como tal ser humano. Termina.


    ¿Nos sentimos completamente integrados en la vida humana? ¿De verdad?


    Un día nos enamoramos, que es como un despertar a una realidad diferente, donde lo que sentimos lo percibimos como algo real, más real que ninguna otra cosa y si esa persona que despertó el amor nos corresponde del mismo modo, viviremos una realidad paralela, tan intensa y real, sobre todas las cosas.


    Ninguna experiencia en nuestra vida es comparable.


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    27 mins
  • Si eres el mar, eres las olas
    Jan 21 2026

    Si eres el mar, eres las olas


    En muchas ocasiones me he preguntado si tiene algún sentido compartir nuestro camino interior con los demás, especialmente cuando sentimos que estamos avanzando y que cada vez nos sentimos más libres de los condicionamientos que tan atrapados nos han tenido en el pasado.


    Es posible que en ocasiones podamos ver que alguna persona pudiera beneficiarse de nuestra claridad mental o de nuestra forma de afrontar ciertos temas.


    Entonces, uno se pregunta, si cada ser humano tiene su propia mente, su propio recorridos, sus motivaciones, ¿es lícito interferir de algún modo en su propio proceso?


    Cada ser humano tiene en sí mismo el camino completo, la responsabilidad completa de todo lo que hace, el resultado y efecto de sus actos, su propio aprendizaje y su propia libertad para vivirlo en primera persona.


    Por otra parte, cuando nos ceñimos a nuestro propio camino interior, interiorizando y conectando con nuestro ser real interior, solemos experimentar la sensación de ser lo mismo que los demás, como si fuéramos extensiones del otro o formar parte de un continuo.


    Sin embargo, cuando estamos inmersos en nuestra identidad humana, nos percibimos separados, diferentes y en muchos casos en competencia con los demás, quedándonos la sensación de necesitar ocultarnos y protegernos de los demás.


    Queda en nuestro interior la sensación de no encajar y de resignación a no encontrar un referente fuera.


    Ocurre en algunas ocasiones que, sin esperarlo, se producen encuentros desde nuestro interior, quizás por encontrarnos con alguna persona que también es consciente de ser desde dentro y por el motivo que sea nos percibimos de ese modo.


    Entonces, se siente una complicidad y una comunicación que nos toma por sorpresa y nos produce una sensación de vitalidad y alegría.


    En esas ocasiones conseguimos percibir la comunicación a dos niveles, el exterior y el interior y la característica de ese estar, es alegría, afinidad, amor incondicional, fluidez y ligereza.


    Si ese estado compartido se pudiera extender a los seres humanos en un instante cambiaría el curso de la historia.


    Verse y reconocerse mutuamente en nuestra realidad interior es lo más escaso y deseado durante nuestra experiencia como seres humanos.


    Si logramos mantenernos de manera autosuficiente en ese estado interior y lo llevamos a lo humano, podríamos estar listos para reconocer y activar esa forma de entrar en contacto con los demás, de manera que seríamos como despertadores del reconocimiento de la realidad interior en los demás.


    Esta sería una gran labor y una motivación para estar en lo humano y servir al ser interior que hay en todos.


    Nuestra aportación quedará aquí y podrá extenderse más allá de lo que podamos vivir personalmente.


    Quizás sea nuestra vocación de servir nuevamente lo que nos anime a seguir encarnando, de vida en vida.


    Sin duda hay una vocación interior que se va despertando, de alcanzar el estado más sublime y la realización más completa, hasta legar a ser el Ser.


    Tardaremos el tiempo que tardemos, de un intento a otro, hasta que nuestra entrega sea incondicional y no deje nada fuera.


    Existe el estado perfecto, el momento perfecto, en el que se llega a la entrega plena, momento en que permitimos todo en nuestro interior.


    Todos los grandes artistas aspiran a esa expresión perfecta de su ser interior.


    Nuestro interior aspira a tener en si mismo la totalidad, porque no se puede llegar al Ser sin totalidad.


    En la naturaleza humana esa aspiración se manifiesta en el querer poseerlo todo, en acaparar y utilizar cualquier medio para tener más que nadie, sin lograrlo, ni saciaros de ningún modo.


    Cuando en lo humano queremos tenerlo todo generamos su contrario, no tendremos nada, generando una ansiedad que nos impulsará a querer más.


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    16 mins
  • La aventura de la vida humana
    Jan 20 2026

    La aventura de la vida humana


    Es muy útil reflexionar sobre cómo se genera nuestra comprensión humana, nuestra identidad, nuestra percepción de lo real, de manera que comprendamos y diferenciemos, lo que es verdaderamente uno mismo y lo que es accesorio y efímero.


    Realmente, nos resulta muy complejo realizar esta separación porque toda nuestra estructura mental se ha construido a partir de nuestra percepción mediante nuestros sentidos físico y hemos generado un todo racional sobre la realidad palpable.


    Es bueno imaginarnos ese estado en el que aparecemos en la vida como sumergidos en un vacío, después de un proceso de amnesia, en el que solo percibimos sensaciones que provienen de nuestro cuerpo, que parece despertarnos de un sueño, lentamente.


    No podemos evitar ese darnos cuenta de la realidad física que empezamos a percibir.


    Podemos imaginar ese despertar gradual a la realidad corporal, imaginando las primeras respiraciones, los primeros sonidos, nuestros primeros movimientos torpes. Sin tener ninguna consciencia de ser algo.


    Abrimos nuestros ojos y vemos innumerables imágenes en movimiento, que junto con los sonidos se asocian a objetos en movimiento.


    Reaccionamos instintivamente con movimientos y acabamos por descubrir nuestras manos, el movimiento.


    Todo se va integrando hasta ir reconociendo una realidad exterior y física donde existe la separación y el movimiento.


    Finalmente descubrimos la interacción con seres humanos de manera que empezamos a integrarnos en lo que es la relación entre cuerpos.


    Logramos dominar nuestros movimientos, aprendemos a acercarnos a objetos, reconocemos lo que es coger algo y experimentarlo. Experimentamos satisfacción al conseguir utilizar nuestro cuerpo según los estímulos externos.


    Poco a poco, vamos despertando a esa realidad basada en el cuerpo.


    Aprendemos y memorizamos, los gestos, las palabras y formamos la mente pensante y reflexiva, que extrae conceptos de esa realidad que existe cuando llegamos.


    Todos adquirimos ese mismo conocimiento de ser un ser humano según el momento y el lugar en el que comience nuestra vida.


    Pronto aprendemos a aceptar que somos una realidad diferente a los demás, obligándonos a identificarnos de algún modo, ya que inevitablemente hemos de aceptar la imperfección y la separación que caracteriza la vida humana.


    Nos vemos obligados a tener que ser un ser separado, que ha de sentirse separado y que ha de manifestarse como separado.


    Queramos o no, se nos obliga a ser algo, que generalmente tiene que ver con el hueco que rellenamos en la familia y que se nos asigna.


    Somos hijo de tal y tal.


    Uno puede sentirse comunicado con otro ser humano y sentirle como una misma realidad, pero pronto se desdibuja y cada uno ocupa su lugar.


    Esa formación del ser humano se va especializando más y más, según su propio camino y espacio en el mundo, de manera que nos diferenciamos cada vez más de los demás.


    Por ese motivo, la comunicación directa es cada vez más compleja o lejana.


    En un inicio bastaba querer sentir al otro para sentirnos fundidos, como cuando éramos niños de corta edad jugando en el grupo como si estuviésemos unidos en una misma realidad.


    Con los años, la distancia entre lo que somos interiormente y lo que manifestamos a los demás, cada vez es mayor.


    Hasta el punto de que muchas veces se renuncia a poderse entender y rechazamos el intento de alcanzar verdadera comunicación.


    Con los años, cedemos nuestra sensación de realidad interior a recabarla en nuestra idea de yo, esa identidad que nos sirve para relacionarnos con los demás y somos aceptados.


    Aceptamos que nunca conseguiremos llegar al otro de manera directa desde nuestro interior. Lo asumimos como utópico o quizás una rareza que hemos de ocultar.


    Ser por dentro una cosa y otra por fuera, puede llegar a enfermarnos sino logramos ser lo que somos.


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    18 mins
  • Hambre del Ser
    Jan 20 2026

    Hambre del Ser


    No es cuestión de un día, ni de un año, a veces nos llevará mucho tiempo el lograr vivir desde nuestra realidad interior.


    Tendremos que dedicar mucho tiempo a meditar en nuestro interior, reconociéndolo y aceptando que es la única realidad a la que nos podemos sujetar, ya que todo lo que conocemos pasa y no puede ser tomado como un elemento permanente, como sí anhela encontrar nuestro interior.


    Esta labor querremos realizarla, una vez que ya hemos reconocido la enorme diferencia que hay en nuestro estado interior con respecto al ser humano que hemos aprendido a ser.


    Nuestro ser real adopta una identidad en base a nuestra permanencia en el cuerpo, ya que parece haber olvidado lo que es en sí mismo, teniendo en cuanta de que el cuerpo es efímero.


    Parece que estamos en un lugar donde todas las ventanas se cierran en nuestro interior y a cambio de eso se abren otras que tienen que ver con una realidad física separada.


    Al iniciar nuestra vida se cierra el “ojo interno” y se abre por un tiempo el “ojo externo”.


    A través de ese ojo físico observamos y contemplamos una realidad física y humana con la que nos hemos vinculado y a través de dichas percepciones construimos una idea de realidad, al principio global, para pasar a reconocer la separación, la Individualidad, la identidad propia, la realidad biológica de nuestro cuerpo y sus necesidades.


    La oposición entre nuestro sentir interior, caracterizado en su forma real, con respecto a lo que aprendemos a través de los sentidos físicos es tan drástica, que nos vemos obligados a asumir que nuestra realidad es la corporal y las características de la vida biológica las normales y posibles.


    De esta manera, nuestro ser interior real se ve alienado y se auto recluye en los espacios internos como si se tratara de un recluso en una mazmorra.


    Se nos dice: “el maestro está en tu interior” y por otro lado estamos completamente sumergidos en ese querer ser lo que nuestro interior siente que es y a su vez, no sabemos hacerlo de otro modo que en base a nuestra identidad adquirida a través de una realidad exterior que hemos tenido que asumir como real.


    ¿Cómo se puede saciar esa necesidad de ser que nace de nuestro interior, que se percibe ilimitada y perfecta, mientras que creemos ser una realidad física y externa, cargada de limitaciones?


    ¿Cómo se puede lograr en esta realidad física y mental la sensación de ser verdad?


    Puede que estos toda la vida queriendo equiparar nuestra idea de yo al ser real que añoramos ser sin darnos cuesta de que esta labor es imposible.


    El querer otorgar la verdad del ser real que añoramos a una idea de yo artificial y condicional que solo vive en el pensamiento no puede aportarnos más que fugaces sensaciones de conocimiento y control, que pronto pasan como todos los pensamientos.


    Mejor es renunciar a esa idea de yo, dejar de querer sostenerlo y de darle contenido de manera que nos sirva de sucedáneo del verdadero ser.


    Es importante y decisivo el momento en que dejamos de insistir en querer atrapar a la verdad en nuestra mente, de querer entender algo, de convertirlo en pensamientos y conocimiento.


    El ser real está antes de cualquier concreción, idea o pensamiento.


    Todo ello puede manifestarse porque existe previamente un ser real que nos lo permite.


    Por lo tanto, más que querer sostenernos y aprender lo suficiente para adquirir la sensación de seguridad deberíamos observar la naturaleza real de nuestro interior, que no puede ser experimentado por nuestro pensamiento, o nuestra proyección.


    Cuando aprendemos a hacer silencio, no generar pensamientos y nos dejamos percibir, es cuando tenemos una idea de la infinita separación que hay entre el ser real interior y lo que podemos manifestar como seres humanos.


    Cuando estamos escuchando nuestro interior de forma sostenida, nuestra mente está parada y no esta sosteniendo una idea de ser un ser humano, ni con la intención de ...


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    15 mins
  • ¿Por qué soy raro?
    Jan 19 2026

    ¿Por qué soy raro?


    A todos nos gustaría utilizar nuestra vida humana de la forma más precisa sabiendo el motivo por el cual vivimos.


    Cuando llevamos un tiempo investigando en nuestro interior habremos alcanzado la sensación de estar apoyados desde dentro y habremos recibido la sensación de pertenecer a una realidad más real y permanente, de manera que veremos con más claridad la discrepancia entre la realidad efímera de la vida humana y nuestra sensación interior alcanzada.


    Reconocemos que existe una sensación de incapacidad de aceptar las formas y condiciones humanas y esto no es un síntoma de enfermedad o rareza de uno mismo. Se trata simplemente, de que nos estamos despertando según nuestra realidad interior, que se trata de algo bien real, que simplemente se ha asociado a una experiencia efímera.


    Es importante identificar la naturaleza de ese desencuentro. No nos ocurre nada extraño por no lograr encajar en las características de la vida biológica, donde se compite por sobrevivir y unos seres sobreviven eliminando la vida a otros.


    Muchas personas viven ocultando esa sensación por temor a ser señaladas como enfermas, o de poco fiar y lo que hacen es negarse a reconocer que son una realidad interior, con lo que se defenderán de todo aquel que les trasmita esa realidad.


    Sin embargo, la persona que ha aceptado no saber nada, que desconoce su identidad real, que le daña la vida humana, la individualidad y la separación, puede que nos parezca que entra en profunda depresión, pero en realidad está abrazando la verdad.


    Existe igual que cualquier otra persona, sea el contenido de nuestra mente el que sea.


    La idea de no aceptar ser nada de lo que finalmente muere, realmente se está abriendo a percibir lo real, lo que no muere.


    Esa persona ya no lucha con la vida para saber quien es, ni juzga la vida como cruel, ni intentará comprenderse, ni reconocerse, en base a lo que observa en el mundo material.


    Se basará en la percepción interior de que existe, sin que pueda influir en ese hecho nuestro pensamiento, ni ninguna cuestión de la realidad material.


    El soltarlo todo, lo que nos diera seguridad relativa, nos facilita la experiencia de ser sostenidos por la verdad y por ello, la posibilidad de reconocerla.


    En ese desnudarse, puede asombrarnos que todo lo que hemos aprendido en la vida humana, todas las filosofías o tradiciones liberadoras, no nos añaden nada, ni las necesitamos en absoluto, cuando simplemente contemplamos la energía que nos esta permitiendo existir en cada instante, o en el instante de cero tiempo.


    Vemos que cualquier otra cosa que contemplemos es un pensamiento en nuestra mente y que carece de sentido poner en ello ninguna intensidad de nuestra atención.


    Lejos quedará ya el sentirnos ser en base a lo que pensamos.


    No hay experiencia más maravillosa que aceptar que nada de lo que observamos en la realidad efímera somos y que a su vez, soltando toda identificación nos sentimos envueltos en la realidad del ser que nos ama incondicionalmente.


    Lo último que haríamos es interrumpir este flujo de amor que nos envuelve a cambio de querer retener algún concepto o reconocimiento en nuestra mente pensamiento.


    Nada puede identificarnos fuera de este dejarnos ser.

    Cuando el toque interior nos abraza no queremos otra cosa que dejarnos amar.

    Todo el pasado desaparece y un amor sanador nos traslada al no tiempo.


    Es la razón de ser la que nos sostiene permanentemente en la búsqueda de dejarse ser, el estado original en que somos Uno con todo.

    Cuanto más nos entregamos, cuanto más nos liberemos de la comprensión espacio temporal de ser, cuando no haya nada en nuestras memorias que atraigan nuestra atención, cuando todo ello no nos sirva para identificar lo real, es cuando podemos dejarnos estar.

    Simplemente estar.

    “Yo estoy aquí, esperando lo que debe ser. Estoy aquí en la realidad del hacer”.

    “Quiero volver al lugar en el que simplemente soy”.

    “Acepto estar aquí como una expresión de la realidad que soy”.


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    12 mins