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  • ¿Por qué no encontramos lo que somos?
    May 8 2026

    ¿Por qué no encontramos lo que somos?


    Por mucho que insistamos, por lo general, siempre llevaremos a lo humano cualquier contacto que tengamos con la Verdad.


    El contacto con la Verdad aporta, precisamente, la incomprendida sensación de aproximarnos al a Verdad.


    Es como un fugaz privilegio que en algún momento presenciamos, lo llena todo, desaparecen las dudas y uno sabe que está experimentando la Verdad.


    Se podría decir que estaríamos dispuestos a disolvernos y volar hacia la integración con la Verdad.


    Sin embargo, en el preciso momento en que tomamos consciencia de ser un ser humano, intentado comprenderla, retenerla y después, recordarla.


    Básicamente, en base al hábito humano de pensarlo todo, de querer retenerlo. De funcionar en base a nuestro cuerpo y a la identidad que generamos a través de él.


    El gran reto humano de alcanzar la Verdad, nunca será alcanzado.


    La Verdad es un estado de no ser nada. Ser algo significa estar separado de otra cosa.


    La Verdad es completa, es el Uno. No puede existir nada que observe a la Verdad, ya que esta estaría incompleta si pretendiese observarse.


    ¿Cómo un ser humano va a poder observar a la Verdad si no siquiera ella puede hacerlo?


    Poder estar en la Verdad implica disolvernos como observador y únicamente la percibimos cuando no somos capaces de observarla y a su vez, estamos dentro de ella.


    Si investigamos desde nuestro interior, podríamos preguntarnos, ¿qué es lo que nos mueve a realizar ciertas acciones?


    Generalmente, durante la vida, nuestro interior permanece pasivo y simplemente hemos realizado lo que la vida humana nos demanda.


    En otros momentos, quizás de reflexión, nos damos cuenta de que no estamos siguiendo lo que nuestro interior anhela. En algún modo, se puede afirmar que no estamos viviendo verdaderamente.


    Generalmente, nuestras motivaciones se originan en ese interior, sabiendo que han de existir, precisamente porque lo anhelamos sabemos que formamos parte de ello.


    Son realidades que están en nuestro interior, el deseo de unidad, de ser verdad, de unirnos al otro.


    A veces creemos que anhelamos algo con respecto a otro ser humano y, sin embargo, por lo general, tiene que ver más con uno mismo, un estado interior despierto.


    Nuestro interior anhela un estado, que perteneciendo a una realidad humana, creemos que ha de tener que ver con otro ser humano. Es nuestra forma de responder a nuestro deseo.


    De esa forma, creemos necesitar al otro para lograrlo, nos apegamos y sufrimos cuando no somos correspondidos.


    Realmente nos estamos negando una realidad que está en uno mismo y es porque confundimos una necesidad interior con la posibilidad de realizarlo en el exterior.


    Dos cuerpos no se pueden fundir en uno, por mucho que se amen.


    Sin embargo, dos interiores, son de hecho uno, y por eso anhelamos semejante fusión.


    En lo humano vivimos en la confusión de pretender manifestar lo que es del interior en una realidad humana, que se caracteriza por la separación y la individualidad.


    ¿Entendemos porqué esa confusión?


    El interior anhela fundirse en el Uno y mientras estamos apegados a la idea de ser un ser humano nos será imposible experimentar la Unidad.


    Cuando nos enamoramos fuertemente de una persona se despierta de forma poderosa el deseo de estar cerca, de fundirse en el otro. Es la genuina demanda que nuestro interior ha despertado.


    Cuando dos enamorados se coinciden, es imposible poder entender y menos explicar, la infinita sensación de fusión que se produce, casi de forma incondicional y sin embargo, los cuerpos siguen siendo realidades separadas.


    Lo que está ocurriendo es que la sensación de unidad supera con creces la percepción corporal de separación.


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    12 mins
  • Comunicación desde el interior
    May 5 2026

    Comunicación desde el interior


    En nuestra relaciones humanas generalmente interponen las capas mentales repletas de pensamientos que creemos necesarios para lograr una ínter comunicación favorable y sin embargo, no nos damos cuenta de que son realmente un muro, muchas veces, infranqueable.


    De esta manera nos solemos quedar con la sensación de no comunicarnos de una forma real o satisfactoria.


    Para muchos es difícil lograr una verdadera comunicación y por ello, este tema, merece una espacial atención, ya que normalizamos la falta de contacto con nuestra propia verdad.


    Algo así, como que nuestro discurso mental, no solo nos desconecta de la realidad del otro, sino que también lo puede llegar a hacer con nuestra propia realidad.


    Nosotros estamos inmersos en la escucha interior, dejando a un lado todo ese discurso mental cargado de perjuicios, para poder conectar con nuestra realidad interior.


    Este logro es prioritario y necesario, para después lograr entrar en contacto con los demás.


    Adaptados a ese estar en la normalidad exterior y a su vez, ignorando nuestra realidad interior, nos lleva a ir en busca de nuestra verdadera identidad sin añadidos, con el deseo de estar presentes desde la permanente identidad que es quién verdaderamente existe.


    De esta manera, se pretende estar en la vida humana desde lo real de uno mismo, para poder decir con propiedad que estamos viviendo realmente en esta experiencia humana.


    Para ello es necesario despertar a la consciencia de nuestro ser interior.


    Despertar para poder estar y hacer un uso consciente de nuestros días en esta vida humana.


    Cuando logramos reconocer nuestro interior nos sentimos liberados de tener que hacer nada concreto y logramos estar en el escando de permanecer en esa calma de ser.


    Entonces, es cuando puede surgirnos el preguntarnos sobre qué sentido y qué utilidad puede tener vivir esta vida en la que perdemos todo.


    Sabemos que la Verdad está en la base de ese estar dentro y quisiéramos estar siempre de ese modo, luego, ¿qué utilidad tiene transitar esta experiencia?


    Al ser tan real y perseverante nuestra vida humana, cuando nos despertamos cada mañana y vemos que hemos de continuar, nos vemos impelidos a aceptar que ha de haber un motivo para estar, y quizás miremos la vida humana, con tantos y tantos seres humanos absorbidos en sus propias vidas, como si tuvieran una meta que alcanzar.


    ¿Cómo lograr permanecer en la consciencia de nuestro ser interior y a la vez mantenernos en la vida humana sabiendo que uno mismo participa con su propia imagen en la vida de otros?


    Vemos que aún estando en nuestra identidad interior, al participar de la cooperación de sostener la credibilidad de lo humano, uno su pierde de sí mismo una y otra vez, incluso cuando ya no necesitamos ningún respaldo de los demás.


    A uno le gustaría hacer un llamado a un grupo de personas despiertas para apoyarnos en ese reconocimiento interior evitando que el hecho de ser un ser humano implique desconectarnos de esa paz interior que nos aporta el simple hecho de dejarnos ser.


    ¿Sería posible que por un momento nos contempláramos unos a otros desde una similar realidad interior como la nuestra sin verlo como seres humanos independientes?


    A veces, sin pretenderlo y por circunstancias especiales, esto nos ocurre logrando un sentirse desde dentro, de manera que nos sorprende gratamente y quizás experimentemos esa sensación de conexión que quizás desconocemos o hayamos tenido hace mucho tiempo.


    De forma similar, ese estado tan especial, nos suele ocurrir cuando visitamos un recién nacido, o estamos con niños de corta edad.


    Dada su inocencia, su falta de filtros mentales, solemos bajar nuestra guardia e instintivamente nos ponemos a su nivel.


    Sentir la realidad de esos seres humanos sin mente, sin pensamientos, lo contemplamos como un oasis de paz, donde nos permitimos ser ligeros y nos permitimos ser, sin condiciones.


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    11 mins
  • Descubriendo la realidad de Ser
    May 5 2026

    Descubriendo la realidad de Ser


    Cuando descubrimos el estado que alcanzamos al conectarnos con nuestro interior, no dejaremos de buscar el momento para reencontrarnos de nuevo.


    Es algo que no cansa y estaremos regresando cada vez con más frecuencia hasta convertirlo en nuestra forma de vivir.


    De ese modo, nuestras relaciones con los demás estarán marcadas por la necesidad de mantenerlas en ese nivel de paz que logramos en meditación.


    En comparación, existe un rasgo en la vida humana que es general y es que la vida cansa. Que requiere un esfuerzo determinado para manifestar cualquier cosa.


    Hemos de ejercer voluntad e intención para cualquier cosa que queramos manifestar.


    Hay competencia, hay necesidad de hacerse entender, hay que salvar las distancias con el otro.


    Todo ello deja de manifiesto que hay una diferencia entre lo que sentimos en el interior y lo que logramos manifestar.


    Existe una realidad interior que está antes que cualquier acción, que se intenta manifestar con cierto grado de esfuerzo y con mayor o menor fidelidad a nuestra intención.


    Muchas veces, por mayor que sea ese esfuerzo, no logramos materializar lo que intentamos realizar en el exterior.


    De esta manera, lo que logramos vivir es solo una aproximación de lo que anhelamos materializar, o encontrarnos con ello fuera.


    De esa manera, siempre hay algo que perfeccionar, algo que no es suficiente para nuestro interior.


    Denota que en nuestro interior tenemos una idea muy concreta y definida de lo que anhelamos y queremos vivir, de lo que es real y autentico.


    Esa diferencia entre una cosa y la otra es lo que nos genera la necesidad de buscar y luchar por lo que deseamos lograr.


    Este intento puede ser tan infructuoso que nos agota y terminamos por renunciar aceptando que lo que sentimos en el interior no es real, nos produce insatisfacción y por lo tanto, hemos de aceptar que lo que obtenemos en la vida es lo que hay.


    De esa manera, lo más descansado es aceptar las cosas tal como son, que buscar lo que anhelamos es una utopia, que hemos de aceptar ver pasar un día detrás de otro, aceptando que ha de ser satisfactorio.


    Sin duda, es un estado más favorable que estar intentando una y otra vez, el amor, la mejor situación personal, el mayor aprecio de los demás.


    Dejaremos de intentar encontrar algo real en la vida y aceptaremos la normalidad de lo posible y seguramente ya no nos agotaremos en esa aceptación.


    Así pueden pasar muchos años hasta el final de la experiencia humana, habremos logrado cierta calma y satisfacción por las cosas humanas y habremos dejado en el olvido a nuestro ser real interior.


    ¿Para qué seguir persiguiendo esa realidad que anhelamos cuando nos causa tanta frustración?


    La vida biológica dentro de su realidad tiene un orden y unos limites y si fuese realmente lo único que somos, ¿por qué nos cuesta tanto adaptarnos a ella para muchos?


    ¿Por qué aceptar las posibilidades de lo humano lo sentimos tan frustrante?


    ¿Es que la vida no puede dar más de sí? ¿Por qué anhelamos lo perfecto?


    La reflexión y el deseo de encontrar la verdad detrás de la biología aparente nos ha de impulsar en la indagación de ¿quién es ese o qué es lo que me impulsa a encontrar algo que no encuentro?


    ¿Donde está ese ser que soy que anhela una realidad que no encuentra?


    Quizás lo primero sea reconocernos que anhelamos una realidad más amplia, más real, más ilimitada y perfecta. Anhelamos la belleza, la perfección el amor perfecto.


    Sin duda se trata de un estado completamente proyectado hacia el exterior.


    Resulta ventajoso aceptar esa realidad interior e intentar comprenderla, contemplando que nos demanda verdad y perfección.


    ¿Por qué ocurre eso?


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    14 mins
  • De la carencia de amor a la abundancia
    May 5 2026

    De la carencia de amor a la abundancia


    Hay un momento en que ya hemos comprendido, y asimilado, que todas las ideas negativas que inundan nuestro pensamiento están basadas en la creencia de ser esa identidad adquirida y que realmente es esa identificación la que los sostiene.


    El comprender esto, nos permite distanciarnos de todas las creencias aceptadas que al despegaros de ella vamos a lograr reconocernos al margen de ello.


    La primera consecuencia es comprobar que hay espacio, un espacio donde reina el silencio y el permitirnos ser tal cual somos. Comienza la aceptación de ser una realidad ajena a la comprensión humana.


    Ese desapegarse de la idea de yo adquiere un matiz atemporal, ya que permanece como ausente de lo que sigue ocurriendo. Algo así, como que el tiempo de ese ser interior es como más lento y permanente, mientras que las cosas humanas siguen su propio tiempo y espacio.


    Cuando nos dedicamos tiempo a dejarnos sentir dentro, entramos en esa nueva dimensión temporal, donde nos expandimos y el estado de paz se amplifica, junto con la capacidad de reconocernos en una nueva identidad.


    Todos los pensamientos y las emociones consecuentes, sobre ser inadecuados, no suficientemente auténticos, incapaces de lograr nuestros anhelos, desaparecen y experimentamos la libertad de dejarnos ser.


    De esa manera comprobaremos que para poder ser no necesitamos merecer, ni hacer ningún esfuerzo, sino que hay una realidad, una fuerza, que da soporte y sostiene nuestra existencia.


    Que aún no haciendo nada, ni siquiera pensar, somos sostenidos en estar conscientes y vivos, como si descansáramos en una hamaca en medio de la naturaleza.


    Esa realidad que nos sustenta es real y por ello podríamos hasta conversar con ella, ya que sin duda es la que nos ha metido en esta aventura humana.


    Simplemente trasmitirla nuestra aceptación de lo humano y al mismo tiempo interrogarle sobre el sentido de nuestra permanencia en ella.


    Se trata de un lenguaje de presencia, sin pensamiento concretos, simplemente escuchando en el trasfondo la motivación para estar aquí.


    ¿Por qué estoy aquí? ¿Para qué estoy aquí?


    “No me satisface lo que la vida humana me está aportando, finalmente todo termina en la muerte. Tengo que luchar por sobrevivir, entrar en conflicto con los demás, nunca alcanzo eso que añoro desde el interior, el amor llega y termina, todo lo que la vida humana me puede entregar no satisface lo que mi anhelo interior me reclama y si en algún momento me creo alcanzarlo lo pierdo más tarde”.


    “Entonces, tú, energía real y verdadera, te pregunto: ¿quién soy realmente? ¿Qué sentido tiene que este aquí obligado a transitar estas experiencias?”.


    “¿De qué manera, entonces, puedo colaborar y cooperar con ese objetivo? Si todo lo que puedo vivir como ser humano es efímero e irreal, es siempre un intento de alcanzar lo que anhelo, y sé que ese anhelo proviene de esa energía que tú mismo me das, que generas en mí el deseo de amar y eres tú, el origen de ese deseo, ¿por qué despiertas en mí ese anhelo imposible de lograr en lo humano?”.


    Esas preguntas se dirigen a ese interior real al que nos estamos entregando y que es el fundamento y el responsable de nuestra propia existencia.


    Su respuesta no serán pensamientos. Será una sensación de compañía y acompañamiento.


    Podemos poner a prueba a ese fondo, dejándonos sentir.


    ¿No será que en ese fondo hay verdadero amor incondicional?


    ¿No será el origen de nuestro anhelo que nos impulsa a satisfacerlo en esta realidad humana?


    ¿No será que es en su propio origen el único lugar donde nos espera, hasta que logremos reconocerlo y recibirlo?


    Podemos estar inmersos en la vida humana y también podemos hacerlo sabiendo que el amor que anhelamos es el que existe en nuestro interior.


    Abiertos a ese interior que nos trajo podemos dejarnos amar y dar sentido a nuestra experiencia humana.



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    11 mins
  • Identificando nuestro ser interior
    May 3 2026

    Identificando nuestro ser interior


    Cuando hemos descartado ya que lo humano pueda informarnos sobre la verdad de lo que somos es cuando nos planteamos mantenernos en la auto observación de la realidad interior.


    No es algo que vaya a ocurrir automáticamente, sino que va a requerir de nuestra constancia y nuestra permanencia en la auto observación interior.


    Dejar de proyectar en nuestra comprensión todo lo aprendido, y en su lugar, sostener la percepción desnuda de nuestro interior, van a ser nuestras únicas herramientas, ya que, el resto de lo que pudiéramos hacer forma parte de lo que no nos sirve en absoluto.


    Entonces se desecha toda la comprensión mental de un golpe, para llevar nuestra atención a reconocer la realidad de estar unidos a un interior que nos sostiene de forma permanente y continúa. Que ha estado ocurriendo de ese modo, mientras divagábamos entre pensamiento y pensamiento.


    Si mantenemos nuestra mente neutra y despejada, mientras permanecemos en esa sensación interior y muy real, muy pronto nos llenaremos de realidad, de verdad.


    Todos los pensamientos de ignorancia, duda e inseguridad, nuestra actitud depresiva, desaparecerán inmediatamente, mientras nos dejamos llenar desde dentro.


    Si nos sostenemos un tiempo en ese dejarnos ser, podemos observar cómo se produce la forma de vivir en lo humanos, como nos afecta y qué transformaciones ocurren en nuestra mente, para sacarnos de esa experiencia interior.


    ¿Cómo dejamos este estado de verdad interior para volver a ser afectados por el estado humano que transitamos?


    Algo cambia en nuestra mente y es muy interesante observar cómo se produce ese cambio de polaridad.


    Seguidamente y desde el interior, podeos percibir cómo es el fenómeno por el cual estamos unidos e identificados con nuestro cuerpo humano y a su vez, con toda la cultura asimilada en nuestra mente.


    Si reconocemos que somos una realidad interior podeos también observar cómo se sostiene la identidad humana que hemos asumido.


    Cuando hayamos comprendido y entendido la lógica de reconocer el aprendizaje humano como nuestra identidad, entonces podemos aceptarlo como algo temporal, sobre el que podemos decidir nuestro grado de implicación.


    Toda esa idea de realidad humana se basa en las percepciones que nuestro cuerpo nos facilita, como realidad externa y material.


    Observar cómo nos aferramos a reconocernos en una realidad efímera, que termina, debería resultarnos, incluso, extraño.


    Muchos seres humanos han logrado escapar de esa comprensión de la realidad para haberse reconocido desde, y en, su realidad interior y de ese modo, hayan incluso, intentado compartir su liberación y su recuperación de la verdad.


    ¿Cómo puede lograrse compartir algo que se obtuvo fuera de lo exterior precisamente mediante el exterior con los demás?


    Parece que no es posible vivir de las dos forma a la vez, o requiere de una firmeza profunda, de no despegarse en nada del interior.


    Si nuestra decisión es indagar y permanecer en esa realidad interior que ya asoma pero “no se toca” es cuando, quizás, necesitemos de eso que se llama fe, que hemos de confiar en algo que aún no reconocemos como una manifiesta realidad, aunque ya nos guía como su estuviésemos sujetos de una cuerda.


    Es como si de repente se apagaran todas las luces y nos quedáramos a oscuras sin poder ver nada.


    En este símil, la luz que se apaga es el conocimiento seguro de nuestros sentidos que al dejarlos a un lado, no sabemos, ni vemos nada.


    El meditador del camino interior es lo que hace, despeja la mente de toda esa capa que le informa de la realidad exterior.


    Ya a oscuras, en ese cuarto interior, podemos empezar a percibir una sensación de presencia y realidad, sensación que se convierte en percepción, en visión interior.


    Son formas de expresar que lo que que empieza a desvelar, en su dimensión interior, se comienza a percibir como una realidad “real”.


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    13 mins
  • ¿Me siento malo, inadecuado, imperfecto?
    Apr 22 2026

    ¿Me siento malo, inadecuado, imperfecto?


    Hay un aspecto, que por primario e innato, solemos ignorar. Se trata de la sensación de uno mismo, como si fuese el paisaje en el trasfondo, que compone nuestra sensación de vida como por detrás, sin detenernos en observarlo.


    Es como la trastienda donde se almacenan las cosas o incluso, nuestros recursos.


    En esa parte oculta se ha construido un relato, que puede ser bueno o malo, favorable o desfavorable y que viene a ser como nuestra inercia en nuestras relaciones con los demás.


    A veces, esta sensación nos indica que somos inadecuados, malos, o imperfectos y de cualquier modo marca nuestra forma de vivir.


    Por otro lado, en nuestro interior existe un deseo de lo bueno, lo perfecto, lo adecuado, de manera que en nuestra vida oscilamos entre momentos en que buscamos la paz, la armonía, casi como por vocación o deseo, mientras que en muchos otros momentos, lo que marca nuestras relaciones y nuestras reacciones, es esa capa oculta que se convierte en nuestra forma de vivir.


    Anhelaremos la paz y la armonía y a la vez, viviremos resignados a lo que nos hemos encontrado en la vida humana.


    Podremos tener desde nuestro interior un intento de ser lo bueno y haremos todos los esfuerzos necesarios, pero por lo general, sentiremos no poder dar lo suficiente, no llegar a manifestarlo de forma plena.


    Podemos reconocer la importancia de ver con claridad que existe ese intento sincero y honesto.


    Puede que no logremos manifestar con exactitud lo que queremos llevar a la vida, pero si podemos reconocer en uno mismo la perfección de nuestro intento.


    Podemos generar en nuestro interior el efecto de tener la intención de compartirlo y observar que en ese interior es ya real y no dependiente de si se logra manifestar de uno modo u otro.


    Es la imposibilidad de manifestar de forma perfecta lo que es una realidad precisa en nuestro interior lo que nos genera ese aprendizaje de no ser suficiente.


    Incluso, antes de lograr manifestarnos, con frecuencia nos juzgamos, tenemos miedo, o simplemente no lo haremos, pues nos invade la inseguridad.


    Cuando esto nos pasa, hemos de profundizar en lo que nos está ocurriendo dentro.


    Como para muchas otras cuestiones, nos podemos preguntar si lo estamos pensando, o si lo estamos percibiendo, con la intención de detectar dónde se sitúa esa negatividad.


    “¿Lo estoy percibiendo desde mi interior, o se sujeta en una sensación que produce un estado mental, un pensamiento o mis recuerdos pasados?”.


    Entonces descubrimos que toda esa negatividad es la que gira en torno a la idea de yo. Esa identidad que se ha generado a lo largo de la vida en base a los acontecimientos, generando una identidad reconocida por uno mismo y que queda en el trasfondo de todo, marcando y matizando nuestra vida.


    En esa construcción en amalgama, es donde están las incoherencias, las dudas, los miedos, el no saber quién somos y demás y que son las que matizan y nos previenen de la imposibilidad de ser “buenos”.


    En esta reflexión, reconocemos nítidamente que hay dos realidades. Una de ellas es nuestra intención genuina de ser, nuestra vocación, nuestro anhelo de poder ser lo que somos. Por otro lado, está todo ese cúmulo de pensamientos y recuerdos que son los que imprimen nuestra posibilidad de ser un ser real, reconocible, en nuestra relación con la vida humana.


    De ello, vemos la relación directa entre dejar de prestar atención a esa idea de yo y el permitirnos estar en armonía y paz en nuestro interior.


    En la medida en que me reconozco en lo limitado y condicionado por esos pensamientos, en esa medida es en la que me siento incapaz.


    Tendré que concluir que es propio de la vida humana no poder trasladar en ella lo que reconozco ser interiormente y por lo tanto, esa dificultad forma parte de la imperfección de la realidad biológica con respecto a nuestro interior.


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    13 mins
  • Seré perfecto cuando no esté
    Apr 20 2026

    Seré perfecto cuando no esté


    En muchas ocasiones ponemos en nuestras acciones toda la intención de ser perfectos, de materializar lo que anhelamos en el interior.


    Ponemos el máximo de nuestros esmeros y a pesar de ello, surgen opiniones, pareceres, diferentes puntos de vista que finalmente hacen desmerecer nuestras intenciones.


    Es algo propio de esta realidad humana, el que sea imposible manifestar algo verdaderamente perfecto.


    Especialmente en esas intenciones de llegar a los corazones de los demás para lograr una vida más armoniosa y conectada.


    Con la experiencia, veremos que realmente no vamos a lograr manifestar lo que anhelamos y ante esa situación podremos reaccionar de varias formas.


    Una de esas reacciones es decidir no intentar hacer nada, convencidos de que algo así, no se puede manifestar en lo humano.


    “Nunca llegaré a los demás, ni conseguiré ese estado perfecto”.


    Me sentiré juzgado y dañado, ya que el intento nacía desde nuestro interior real y ahora vemos que es inútil.


    No nos referimos a ideas pensamiento que queramos realizar. Nos referimos a esa necesidad interior de manifestar lo que dentro somos en real.


    Cuando nos exponemos desde el interior para manifestar lo que anhelamos, es cuando estamos abiertos a ser juzgados y dañados, ya que hemos expuesto nuestra verdad interior.


    Si desde el pensamiento no somos reconocidos no pasa nada, ya que ni nosotros nos reconocemos en esos pensamientos. Sin embargo, cuando nos mostramos desde el interior, lo sentimos real, y es cuando nos exponemos realmente de forma indefensa y todo nos afectará en un principio.


    La negación que podamos recibir desde el exterior equivale a “no poder ser” y no hay nada más terrible para uno mismo, para nuestro ser interior, que el enfrentarse a “no ser”, a ser incorrecto, a no lograr ser lo que somos, e incluso a no merecer vivir.


    El miedo a ser negados, es lo que nos llevó a ocultarnos bajo el pensamiento de la idea de yo generada, como realidad preestablecida y aceptada.


    “Mejor ser algo parapetado, que no ser real y despreciado”.


    De esa manera estaré generando imágenes de mí mismo según logro ser aceptado, reconocido y valorado.


    Si un personaje deja de servirme, adoptaré otro en ese intento de mantenerme como alguien que se reconoce.


    Finalmente, el resultado es que vivo en el pensamiento de ser algo fluctuante, que debo sostener y mantener y sin embargo, mi interior real está escondido, agazapado para no ser visto.


    ¿Cómo puedo experimentar una vida real si quien es real se esconde?


    ¿Por qué estamos escondidos? ¿Por qué necesitamos esa valoración y aprobación de los demás?


    En esa contemplación volveremos conectar con la raíz de lo que somos.


    Identificamos que tenemos una necesidad, y una obligación de existir y que ésta, se está dedicando a proyectarse en el pensamiento adquirido de identidad.


    Vivimos esclavizados de nuestra identificación y de sostenerla.


    Si reconocemos el sujeto que somos en ese intento de ser, también podemos quedarnos en reconocernos sin más. Descubriendo a ese sujeto interior que necesita expresar su realidad, sin necesidad de hacerlo en base a nada.


    Uno mismo, puede comprenderse y reconocerse en el interior. No necesitamos ninguna aportación exterior.


    Podemos entonces, reconocer que nuestra intención de manifestarnos es realmente amor, el intento perfecto de ser amor.


    Uno mismo puede observar que en esa intención de dar amor, uno mismo es perfecto.


    Dejándonos ser en ese reconocer que nuestra intención es perfecta nos estamos permitiendo estar en ese estado perfecto, en nuestro propio ser.


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    18 mins
  • El efecto bebé
    Apr 20 2026

    El efecto bebé


    Generalmente tomamos a los demás como la realidad exterior que podemos reconocer en ellos, en lo que su realidad física y corporal nos muestran, en sus comportamientos exteriores, del mismo modo en que conceptuamos a los demás, como si esa fuera la realidad humana al completo.


    Del mismo modo, uno mismo forma parte de esa realidad exterior para cada uno de ellos, participando entre todos en ese condicionamiento tan dominante.


    De esta situación, uno concluye, “soy una consciencia interior con dudas existenciales, cuando los demás no aparentan tenerlas”.


    El hecho de apreciar que realmente nadie ha resuelto esas dudas existenciales, y que por lo general, simplemente, dejamos de cuestionarnos las cosas, nos permite aceptar esta vida en su forma aparente, mientras aceptamos del mismo modo, nuestra consciencia interior.


    Entonces logramos apreciar en cada ser humano su realidad interior, adherida a sus experiencias vividas, de manera que contemplamos la lógica expresión que se manifiesta y a su vez, la posibilidad de contactar con su interior.


    Podemos utilizar un ejemplo para entender, hasta qué punto actuamos y vivimos bajo la influencia de lo aparente.


    Es el caso en que vamos de visita a conocer a un recién nacido, es casi unánime, el que todas las personas nos quedemos embelesados ante la presencia del bebé.


    Se guarda silencio exterior e interior. La observancia es completa para percibir al bebé.


    Es un caso claro en el que dejamos de pensar, algo que nos parece tan difícil de lograr por nosotros mismos, ocurre ahora sin pretenderlo, de forma espontánea.


    En ese silencio que hacemos, ocurre una apertura completa hacia la realidad del bebé.


    Si observamos lo que está ocurriendo, comprobaremos que nuestro interior se abre por completo para la contemplación del nuevo ser. Literalmente se activa nuestro interior con plena atención, como para contactar con la realidad del bebé, poniéndonos en un modo “no mental”.


    Las personas que trabajan por vocación con niños de corta edad hablan de lo felices que se sienten estableciendo comunicación con ellos, como que los cuidadores entran en ese estado de inocencia, sin pensamientos, lo que les permite despertar su sensibilidad interior gracias a percibir la de los niños.


    Estos cuidadores están abiertos a percibir la realidad de esos niños, ya que no están en el pensamiento.


    ¿Por qué ocurre que cuando estamos con niños de corta edad nos sintamos tan felices, tan auténticos, tan identificados?


    ¿Por qué en su presencia nos sentimos más ligeros, más alegres, más reconocidos, más reales?


    En lo cotidiano no se logra eso en absoluto, estamos inmersos en el pensamiento de tener que ser algo, que sea correcto y adecuado. Difícilmente lograré sentirme con adultos del modo en que me siento, de forma espontánea, con niños de corta edad.


    ¿Por qué ocurre esto?


    Cuando nos acercamos a un bebé, sabemos que no necesitamos protegernos, ni sostener un personaje y que podemos dejarnos ser libres, para percibir al bebé. Nos sentimos ligeros, auténticos y sabemos que ante el bebé no necesitamos ser nada.


    Es como si dejáramos toda nuestra envoltura de identidad adquirida y nos permitiéramos ser lo que somos, sin más.


    Ante el bebé no necesitamos mostrar nada, ni ser aceptados, ni juzgados. Podemos ser la verdad que somos.


    Entonces, nos dejamos sentir mientras estamos cerca del bebé, sintiéndolo incondicionalmente y permitiéndonos estar según somos sin traducción, ni adaptación.


    Quizás llevamos años anhelando disponer de una relación con otro ser humano desde esa realidad interior sin lograrlo y de repente, al visitar al bebé, sin pretenderlo, ni esperarlo, ocurre.


    A la par que soy capaz de percibirle, me estoy percibiendo a mí mismo, en absoluta libertad e incondicionalidad.


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    21 mins