¿Por qué no encontramos lo que somos?
Por mucho que insistamos, por lo general, siempre llevaremos a lo humano cualquier contacto que tengamos con la Verdad.
El contacto con la Verdad aporta, precisamente, la incomprendida sensación de aproximarnos al a Verdad.
Es como un fugaz privilegio que en algún momento presenciamos, lo llena todo, desaparecen las dudas y uno sabe que está experimentando la Verdad.
Se podría decir que estaríamos dispuestos a disolvernos y volar hacia la integración con la Verdad.
Sin embargo, en el preciso momento en que tomamos consciencia de ser un ser humano, intentado comprenderla, retenerla y después, recordarla.
Básicamente, en base al hábito humano de pensarlo todo, de querer retenerlo. De funcionar en base a nuestro cuerpo y a la identidad que generamos a través de él.
El gran reto humano de alcanzar la Verdad, nunca será alcanzado.
La Verdad es un estado de no ser nada. Ser algo significa estar separado de otra cosa.
La Verdad es completa, es el Uno. No puede existir nada que observe a la Verdad, ya que esta estaría incompleta si pretendiese observarse.
¿Cómo un ser humano va a poder observar a la Verdad si no siquiera ella puede hacerlo?
Poder estar en la Verdad implica disolvernos como observador y únicamente la percibimos cuando no somos capaces de observarla y a su vez, estamos dentro de ella.
Si investigamos desde nuestro interior, podríamos preguntarnos, ¿qué es lo que nos mueve a realizar ciertas acciones?
Generalmente, durante la vida, nuestro interior permanece pasivo y simplemente hemos realizado lo que la vida humana nos demanda.
En otros momentos, quizás de reflexión, nos damos cuenta de que no estamos siguiendo lo que nuestro interior anhela. En algún modo, se puede afirmar que no estamos viviendo verdaderamente.
Generalmente, nuestras motivaciones se originan en ese interior, sabiendo que han de existir, precisamente porque lo anhelamos sabemos que formamos parte de ello.
Son realidades que están en nuestro interior, el deseo de unidad, de ser verdad, de unirnos al otro.
A veces creemos que anhelamos algo con respecto a otro ser humano y, sin embargo, por lo general, tiene que ver más con uno mismo, un estado interior despierto.
Nuestro interior anhela un estado, que perteneciendo a una realidad humana, creemos que ha de tener que ver con otro ser humano. Es nuestra forma de responder a nuestro deseo.
De esa forma, creemos necesitar al otro para lograrlo, nos apegamos y sufrimos cuando no somos correspondidos.
Realmente nos estamos negando una realidad que está en uno mismo y es porque confundimos una necesidad interior con la posibilidad de realizarlo en el exterior.
Dos cuerpos no se pueden fundir en uno, por mucho que se amen.
Sin embargo, dos interiores, son de hecho uno, y por eso anhelamos semejante fusión.
En lo humano vivimos en la confusión de pretender manifestar lo que es del interior en una realidad humana, que se caracteriza por la separación y la individualidad.
¿Entendemos porqué esa confusión?
El interior anhela fundirse en el Uno y mientras estamos apegados a la idea de ser un ser humano nos será imposible experimentar la Unidad.
Cuando nos enamoramos fuertemente de una persona se despierta de forma poderosa el deseo de estar cerca, de fundirse en el otro. Es la genuina demanda que nuestro interior ha despertado.
Cuando dos enamorados se coinciden, es imposible poder entender y menos explicar, la infinita sensación de fusión que se produce, casi de forma incondicional y sin embargo, los cuerpos siguen siendo realidades separadas.
Lo que está ocurriendo es que la sensación de unidad supera con creces la percepción corporal de separación.
Continúa,....